No trabajo desde la fotografía entendida como encargo puntual o resultado inmediato, sino como una forma de observación. Cada proyecto parte de una manera concreta de mirar: detenerse en el espacio, atender a las relaciones que lo atraviesan y construir imágenes que no explican, sino que sitúan.
Mi práctica se desarrolla a través de series fotográficas, donde el sentido no reside en una imagen aislada, sino en el diálogo entre ellas. Trabajo con el territorio, la arquitectura y la presencia humana como elementos que revelan cómo habitamos, organizamos y atravesamos los lugares.
La cámara es una herramienta, no un fin. El proceso implica tiempo, selección y edición, entendiendo la fotografía como un lenguaje que se articula en conjunto y no como una suma de escenas. Desde esa lógica se construyen tanto mis proyectos personales como los trabajos realizados por encargo.
No busco ilustrar ni narrar acontecimientos, sino proponer una mirada sostenida sobre el espacio y su uso. Una forma de mirar que se traduce en obra fotográfica.